miércoles, 17 de junio de 2009

Luz cegadora

Era una noche de invierno, estaba estrellada, pero el frío me helaba los huesos. Había salido corriendo de casa, no soportaba a mis padres, estaba harta de todo, de mí, de mi cuerpo, de mi cara, de mis manos... No podía más.

Sentía que a pesar de estar rodeada de gente, estaba completamente sola, pues la actitud de la gente no iba más allá de los simples formalismos que los seres humanos empleamos para fortalecer las redes sociales que luego serán beneficiosas para conseguir nuestros objetivos.

Estaba harta de la hipocresía y sobretodo, de las convicciones morales "socialmente aceptadas". Eché a correr por la fría calle, maldiciendo mi memoria por no haberme acordado de coger el abrigo cada vez que sentía una punzada de frío en alguna extremidad o articulación de mi cuerpo.

Por qué era todo como era?

No podía comprender al ser humano, no podía entender el por qué de sus reacciones... Una vida guiada totalmente por lo material, donde se olvidan los sentimientos reales o se fingen simplemente por complacer al otro, aunque no se sientan.

No sabía hacia dónde me dirigía, sólo caminaba, y caminaba, pero sin rumbo fijo.

Sólo sabía que por mucho que corriera, tendría que pararme y llegar a alguna conclusión productiva sobre mí misma, sobre lo que quería hacer con mi vida.


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